La lluvia es el
meteoro estrella de las previsiones meteorológicas. Que el día siguiente te
sorprenda con temperaturas más frías que las esperadas se sobrelleva. Parece
que no sucede nada si nos levantamos y el cielo está algo más nuboso de lo
previsto, o si el viento sopla en una dirección diferente a la que se
anunciaba, pero a la mayoría de las personas a las que preguntéis seguro que os
responden que lo que más les puede llegar a fastidiar el día es que la jornada
se acabe levantando con lluvias que nos trastornen el modo de llegar al trabajo
o que alarguen el tiempo de camino a la universidad.
Por eso, quizás en
las previsiones meteorológicas dedicamos especial atención al pronóstico de las
lluvias, y muestra de ese celo es la cantidad de términos que utilizamos para
referirnos a los diferentes tipos de precipitaciones.
El título del
artículo está inspirado en el de una obra misteriosa que aparece en el libro El
viaje de Baldassare de Amin Maalouf (año 2000 Alianza Editorial). No vamos
a citar por lo tanto un centenar de nombres, aunque si nos pusiéramos a ello,
entre diferentes tipos de lluvias y los nombres populares que reciben en cada
zona geográfica seguro que alcanzaríamos una cifra similar a la centena.
La lluvia es un
hidrometeoro y podríamos definirla como la precipitación de partículas líquidas
de agua. Dependiendo de la intensidad y de la duración de estos episodios de
lluvias utilizamos diferentes nombres para referirnos a ella.
Lluvia: es el nombre que se aplica de manera genérica
a cualquier tipo de precipitación acuosa. Aunque, estrictamente, sólo podríamos
hablar de lluvias en situaciones en las que las gotas de agua superan el
milímetro de diámetro y en el que la precipitación descargan de manera continua
con poca o moderada intensidad y durante un espacio de tiempo largo (este lapso
temporal es evidentemente una apreciación de lo más subjetivo, pero estaríamos hablando
de por lo menos una hora de precipitaciones más o menos continuadas)
Llovizna: Cuando las gotas de agua precipitadas no
alcanzan un diámetro de 1 milímetro hablamos de lloviznas. Nos referimos con
este término a episodios de larga duración y de muy escasa intensidad que
apenas sí dejan registros en los pluviómetros. A este tipo de episodios nos
referimos también cuando utilizamos vocablos como chirimiri (que procede
de xirimiri) y que aunque es un término propio del País Vasco se ha acabado
extendiendo a toda la geografía española, orballo que se utiliza sobre
todo en Galicia, y Asturias y los menos conocidos, orpín (también en la
cornisa cantábrica), garúa (en Canarias) o calabobos por citar
algunos.
Chubasco: Cuando hablamos de chubascos nos referimos a
precipitaciones discontinuas, episodios de lluvias más o menos intensas que
descargan de forma intermitente sobre una misma zona. Para referirnos a este
fenómeno utilizamos también varios vocablos; chaparrón, aguacero, tromba… cada
uno de ellos con sus matices que además son diferentes en cada una de las
regiones donde se utilizan. ‘Chubasco’ normalmente es el nombre genérico y se
utiliza indistintamente para este tipo de precipitaciones ya sean las típicas
precipitaciones estivales intercaladas con muchos ratos de sol, como para las
precipitaciones discontinuas que nos llegan de la mano de los frentes
atlánticos y que apenas permiten la apertura de claros entre ellas. ‘Chaparrón’
y ‘aguacero’ se suelen utilizar más para episodios veraniegos o primaverales en
los que además tenemos rachas de viento. En zonas de costa sobre todo se
utilizan también términos como tromba aunque este también es un término
bastante extendido, o manga de agua.
Tormenta: Las tormentas son también episodios de lluvia
de corta duración (inferior a una hora) intensos pero que tienen una
peculiaridad para que se puedan diferenciar de los chubascos: los fenómenos
eléctricos. No podemos hablar de tormentas si esas precipitaciones no no llevan
asociadas las descargas eléctricas, es decir, los rayos.
Lluvia
horizontal: En algunas
ocasiones las nieblas son tan densas que acaban por mojarlo todo como si
hubiera llovido e incluso nos dejan reflejo en los pluviómetros. Es lo que
llamamos lluvia horizontal aunque a nivel popular estas nieblas y sus
precipitaciones son conocidas como nieblas meonas o nieblas lloronas. El ‘rocío’ de la mañana, es
decir, la condensación del vapor de agua nocturno que aparece a primera horas
del día formando gotas sobre por ejemplo las hojas de las plantas, podríamos
incluirlo también en este grupo de lluvias horizontales.
En Extremadura no
tenemos demasiados términos autóctonos para referirnos a las lluvias, quizá
porque no somos una región demasiado lluviosa (aunque en el norte de la región
los acumulados anuales son comparables a los de la cornisa cantábrica). Aun así
nuestros observadores suelen referirse con el nombre de ‘mareas’ a
episodios de lluvia e incluso a periodos de cielo cubierto de los que apenas se
desprenden algunas lloviznas.
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