miércoles, 14 de noviembre de 2012

LOS 100 NOMBRES DE LA LLUVIA



La lluvia es el meteoro estrella de las previsiones meteorológicas. Que el día siguiente te sorprenda con temperaturas más frías que las esperadas se sobrelleva. Parece que no sucede nada si nos levantamos y el cielo está algo más nuboso de lo previsto, o si el viento sopla en una dirección diferente a la que se anunciaba, pero a la mayoría de las personas a las que preguntéis seguro que os responden que lo que más les puede llegar a fastidiar el día es que la jornada se acabe levantando con lluvias que nos trastornen el modo de llegar al trabajo o que alarguen el tiempo de camino a la universidad.
Por eso, quizás en las previsiones meteorológicas dedicamos especial atención al pronóstico de las lluvias, y muestra de ese celo es la cantidad de términos que utilizamos para referirnos a los diferentes tipos de precipitaciones.
El título del artículo está inspirado en el de una obra misteriosa que aparece en el libro El viaje de Baldassare de Amin Maalouf (año 2000 Alianza Editorial). No vamos a citar por lo tanto un centenar de nombres, aunque si nos pusiéramos a ello, entre diferentes tipos de lluvias y los nombres populares que reciben en cada zona geográfica seguro que alcanzaríamos una cifra similar a la centena. 
La lluvia es un hidrometeoro y podríamos definirla como la precipitación de partículas líquidas de agua. Dependiendo de la intensidad y de la duración de estos episodios de lluvias utilizamos diferentes nombres para referirnos a ella.
Lluvia: es el nombre que se aplica de manera genérica a cualquier tipo de precipitación acuosa. Aunque, estrictamente, sólo podríamos hablar de lluvias en situaciones en las que las gotas de agua superan el milímetro de diámetro y en el que la precipitación descargan de manera continua con poca o moderada intensidad y durante un espacio de tiempo largo (este lapso temporal es evidentemente una apreciación de lo más subjetivo, pero estaríamos hablando de por lo menos una hora de precipitaciones más o menos continuadas)
Llovizna: Cuando las gotas de agua precipitadas no alcanzan un diámetro de 1 milímetro hablamos de lloviznas. Nos referimos con este término a episodios de larga duración y de muy escasa intensidad que apenas sí dejan registros en los pluviómetros. A este tipo de episodios nos referimos también cuando utilizamos vocablos como chirimiri (que procede de xirimiri) y que aunque es un término propio del País Vasco se ha acabado extendiendo a toda la geografía española, orballo que se utiliza sobre todo en Galicia, y Asturias y los menos conocidos, orpín (también en la cornisa cantábrica), garúa (en Canarias) o calabobos por citar algunos.
Chubasco: Cuando hablamos de chubascos nos referimos a precipitaciones discontinuas, episodios de lluvias más o menos intensas que descargan de forma intermitente sobre una misma zona. Para referirnos a este fenómeno utilizamos también varios vocablos; chaparrón, aguacero, tromba… cada uno de ellos con sus matices que además son diferentes en cada una de las regiones donde se utilizan. ‘Chubasco’ normalmente es el nombre genérico y se utiliza indistintamente para este tipo de precipitaciones ya sean las típicas precipitaciones estivales intercaladas con muchos ratos de sol, como para las precipitaciones discontinuas que nos llegan de la mano de los frentes atlánticos y que apenas permiten la apertura de claros entre ellas. ‘Chaparrón’ y ‘aguacero’ se suelen utilizar más para episodios veraniegos o primaverales en los que además tenemos rachas de viento. En zonas de costa sobre todo se utilizan también términos como tromba aunque este también es un término bastante extendido, o  manga de agua.
Tormenta: Las tormentas son también episodios de lluvia de corta duración (inferior a una hora) intensos pero que tienen una peculiaridad para que se puedan diferenciar de los chubascos: los fenómenos eléctricos. No podemos hablar de tormentas si esas precipitaciones no no llevan asociadas las descargas eléctricas, es decir, los rayos.
Lluvia horizontal: En algunas ocasiones las nieblas son tan densas que acaban por mojarlo todo como si hubiera llovido e incluso nos dejan reflejo en los pluviómetros. Es lo que llamamos lluvia horizontal aunque a nivel popular estas nieblas y sus precipitaciones son conocidas como nieblas meonas o nieblas  lloronas. El ‘rocío’ de la mañana, es decir, la condensación del vapor de agua nocturno que aparece a primera horas del día formando gotas sobre por ejemplo las hojas de las plantas, podríamos incluirlo también en este grupo de lluvias horizontales.

En Extremadura no tenemos demasiados términos autóctonos para referirnos a las lluvias, quizá porque no somos una región demasiado lluviosa (aunque en el norte de la región los acumulados anuales son comparables a los de la cornisa cantábrica). Aun así nuestros observadores suelen referirse con el nombre de ‘mareas’ a episodios de lluvia e incluso a periodos de cielo cubierto de los que apenas se desprenden algunas lloviznas.

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